lunes, 1 de diciembre de 2008

02 de diciembre de 2008

Encuentro de Lenguas en Cempoala

Se reunirán 50 escritores indígenas veracruzanos

José Pastor.- Con la participación de 50 escritores indígenas veracruzanos, se realizará el Cuarto Encuentro Iberoamericano de las Lenguas 2008, en Cempoala, donde se espera la asistencia de más de 30 mil personas.
Víctor Hugo Alarcón Limón, director de la Junta Estatal de Mejoras, informó que por instrucciones del gobernador Fidel Herrera se buscará impulsar el misticismo de esta región y fortalecer la promoción de la cultura totonaca.
El alcalde de Úrsulo Galván, José Antonio Montero Domínguez, mencionó que Cempoala al ser una de las capitales del imperio totonaca, será sede de un evento trascendental con cuatro días de cultura del 11 al 14 de diciembre cuando se desarrolle el citado encuentro de lenguas.
El lugar, dijo, es rico en cultura al contar también con innumerables leyendas, además de ser cuna de Xipe Totec, "Señor desollado, representación de la fertilidad", que fue rescatado a la llegada de la presente administración.
Durante el evento, se desarrollarán diversos foros artísticos, de ritos y leyendas, de lenguas indígenas, además de diversos talleres y por primera vez la iluminación de la zona arqueológica, tal como se desarrolla en El Tajín.
En el encuentro indígena, mencionó que se espera la participación de exponentes con trayectoria, como el destacado literato Juan Hernández Ramírez, Premio Netzahualcóyotl 2006, a la vez de escritores indígenas veracruzanos.
Por lo menos, dijo, 50 personas de Zongolica, Tres Valles, Chicontepec, Papantla y otros municipios, participarán con el intercambio de experiencias en materia de poesía, cuento y leyendas.
En el evento se espera una asistencia de 30 mil personas y una derrama económica de más de seis millones de pesos, pues además se contará con la presencia de eventos musicales con artistas como Grupo Reacción, Kitchos, H-Bahía y La banda que manda, entre otros.

El arte de promover el arte
La dolce vita de Lorenzo Arduengo


“Me encanta el arte en movimiento y también en calma...
por eso soy fanático del cine y la literatura, pero también
me interesa el arte en general y me apasiona encontrar a
seres humanos afines a mis intereses; me encanta viajar
para conocer gente y que me visiten mis amigos;
hacer la vida amena...”
Lorenzo Arduengo

Marcelo Sánchez Cruz.- De Lorenzo Arduengo se puede decir que era un gran maestro, un asiduo promotor del arte, un apasionado cinéfilo; pero lo más relevante, lo que me viene a la cabeza cuando pienso en cómo describirlo es siempre la misma frase: “Lorenzo era un buen hombre”.
La fascinación que Lorenzo ejercía en la gente se puede resumir muy claramente en la opinión de Edgar Onofre, jefe de prensa de la Universidad Veracruzana (UV): “En realidad no fueron muchas ocasiones las que charlé con él, pero desde la primera conversación me dejó impresionado por las anécdotas, por la gente que conocía, los lugares donde había estado, la naturalidad con la que decía: ‘Cuando me encontré a Arturo Ripstein en tal festival y platicamos de esa película que hizo…’, escucharlo era cautivante, completamente seductor”. Y sí, Lorenzo era un seductor nato, una plática con él bastaba para apreciarlo.
Opinión similar expresa Nelson Carro, subdirector de Programación de la Cineteca Nacional y reconocido crítico de cine, quien recuerda una experiencia de su convivencia con Lorenzo: “Un año nos tocó viajar juntos a Cuba, a la escuela de cine en San Antonio de los Baños y después a los encuentros que se hacían en Camagüey, e incluso participamos con ponencias ahí. Era una persona con gran conocimiento del cine, tras 40 años de seguir fielmente lo que se hacía en el cine mundial, las muestras de cine en México y sobre todo de mantener buenas relaciones con toda la gente del medio, de las instituciones, de los críticos. Sabía hacer amistades de muy largo tiempo que, aparte de disfrutar su compañía, se beneficiaban por las relaciones laborales que entablaban con él”, afirmó el cineasta uruguayo.
Quienes lo conocieron, saben que a Lorenzo era fácil encontrarlo en su oficina, trabajando, planeando, ejecutando sus proyectos de difusión cinematográfica; saben que siempre que uno llegaba a verlo, por trabajo o por el simple gusto de saludar, Lorenzo hacía de quien estuviera con él el centro de su atención y se brindaba de lleno en una charla que, la mayoría de las veces, se prolongaba sin que se sintiera el paso del tiempo, parecía que nada más importaba en el mundo.
Sin embargo, esa misma atención era la que prestaba a todos los ámbitos de su labor: los ciclos de cine, las presentaciones especiales, sus escritos, las conferencias, sus traducciones, todo demostraba el interés en el detalle que imprimía Lorenzo a su trabajo.
Esta dedicación deja una huella especial muy distintiva en el ámbito cultural veracruzano, ejemplificado en la opinión de Nelson Carro: “Lorenzo varias veces me invitó a la Universidad Veracruzana a dar cursos, a presentaciones de libros, a muestras de cine, y en todos esos años pienso que desarrolló una labor muy importante en Xalapa. La labor cultural de la Universidad Veracruzana a lo largo del tiempo ha sido muy importante pero creo que en lo referente al cine, la participación de Lorenzo fue fundamental”, aseveró.
Catherine Bloch, subdirectora de Investigación de Acervos de la Cineteca Nacional, comenta también sobre su aporte al escenario cultural de Veracruz: “Yo establecí una relación cercana con él durante el durante el Cuarto Coloquio de Historia del Cine Regional, realizado con su apoyo en mayo de 2007 en Xalapa. Lorenzo fue un gran promotor de la cultura, una persona muy dedicada a su trabajo y al cine, muy inquieto, no paraba y creo que por él se fomentó que la Muestra Internacional de Cine se presentara en el estado de Veracruz”, afirma la asistente de dirección de películas como Hitch, y The Stepford Wives.
Quizás uno de los rasgos más distintivos de la personalidad de Lorenzo fue su prácticamente nulo afán de protagonismo, pues no dudaba en dar paso a la gente que consideraba valiosa y facilitar sus contactos, su experiencia, para apoyar a nuevos valores: “Durante el Coloquio de Historia del Cine Regional, Lorenzo nos presentó a un grupo de cineastas de la región de Xalapa; algunos que habían hecho su primer corto, o que eran promotores culturales, o dedicados a la difusión del cine, y Lorenzo quería seguir promoviendo eso, con la idea de dar mayor difusión al cine de Veracruz”, recuerda Catherine Bloch.
Por todo lo anterior, no es de extrañarse que su despedida de este mundo haya sido en correspondencia con su filosofía de vida, con la misma pasión hasta el último momento: llegó a trabajar a su oficina, revisó programaciones, acordó detalles de la presentación que esa tarde realizarían en su Aula Clavijero, recibió amigos, y de pronto, sin más que un pequeño sobresalto, cerró los ojos a este mundo para seguir su camino a un destino de luz, entre los grandes del cine mexicano, del cine mundial.
“Ésta es realmente una enorme pérdida para la cultura cinematográfica no sólo de Veracruz sino nacional. Lorenzo era una persona que siempre estaba buscando, organizando proyectos, llevando gente valiosa a dar conferencias, haciendo intercambios; era alguien con quien trabajar se hacía fácil, tenía muy buenas relaciones, se le va a extrañar mucho”, afirma Nelson Carro.
“Siento que es una gran pérdida porque realmente todavía le faltaba mucho por hacer, siempre estuvo apoyando que hubiera un archivo de cine en Xalapa, que funcionara el Cine Club, que se difundiera el buen cine en todos los ámbitos de la sociedad”, comentó Catherine Bloch.
Ésa es la grandeza de Lorenzo, esa bonhomía de la “vieja escuela” que lo identificó como un caballero, un gran colaborador en el trabajo y mejor amigo.
Esbozo biográfico
Lorenzo nació en Xalapa y realizó sus estudios profesionales en Historia y Letras Españolas en la UV; entre 1969 y 71 estudió Dirección Cinematográfica en la Escuela Superior de Cine de Lodz, Polonia, y en 2001 recibió un grado de maestría en Artes por la Motion Pictures Studies por Atlantic International University, EUA, institución donde estaba cursando el doctorado en la misma disciplina.
Dio claras señales de su amor por la cinematografía desde que comenzó trabajando como Director de Cine Clubes de la UV en 1965, con la fundación de la Cinemateca y Biblioteca de Cine de la UV en 1967, la creación del Seminario de Iniciación Cinematográfica en la Escuela de Bachilleres Artículo 3º en el mismo año, y después con la organización de múltiples ciclos de cine, y la muestra de la Cineteca, ya como Director del Departamento de Cinematografía de la UV.
Sin embargo, el cine no fue su único interés: Lorenzo fue un asiduo promotor de la cultura, lo que le llevó a trabajar en proyectos como las Semanas Culturales que la UV celebró con motivo de la Olimpiada Cultural en el 68; a participar como Asesor Cultural en la Delegación Venustiano Carranza del Departamento del Distrito Federal en 1981, y en el Suplemento Cultural “Enfoques” de Gráfico de Xalapa, del cual fue Director Fundador en 1984.
Las invitaciones que recibió para participar como jurado en la Comisión de Premiación de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, en 1994; su participación como jurado de la Federación Internacional de Críticos Cinematográficos (FIPRESCI), en el XVIII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, Cuba, en 1995; en la XIV Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara, en 1999, y al ser el primer extranjero nombrado Miembro de Honor de la FIPRESCI, capítulo Cuba, en 2001, entre muchas otras, son muestra del reconocimiento a nivel nacional e internacional que tenía el conocimiento cinematográfico de Arduengo.
Lorenzo produjo por casi una década (1990-1999) el programa semanal de televisión Tiempo de Cine, el cual él mismo conducía; coproducido por TV MAS y la UV; el programa le valió, en 1993, el Premio Cinema en Camagüey, Cuba, y ese mismo año recibió un reconocimiento por 30 años de difusión cinematográfica por parte del IVEC.
Sus publicaciones también fueron constantes desde 1964; poesía, cuento, artículos y traducciones en diversos suplementos culturales y revistas son el legado escrito de Lorenzo; sus artículos fueron difundidos en medios como El Gallo Ilustrado, Revista de la UNAM, El Nacional, La Palabra y el Hombre, El Universal, etcétera.
Lorenzo Arduengo Pineda pasó a la inmortalidad el medio día del pasado miércoles 26 de noviembre. Descanse en paz una mente brillante, hasta pronto, Lorenzo Arduengo.
El homenaje póstumo al maestro Lorenzo Arduengo se realizará al inicio del ciclo El arte de filmar, este miércoles 3 de diciembre a las 18:00 horas en el Aula Clavijero, sita en Juárez número 55, en el centro de la ciudad.


Editora de la UV, no sujeta a rentabilidad económica sino cultural
Que los libros lleguen a manos de los lectores: Díez-Canedo
Biblioteca del Universitario, autores fundamentales de la tradición occidental
Otras voces literarias, interés de premios de la FILU
Traducciones de Pitol, colección al nivel de Anagrama, Tusquets o Siruela

Javier Hernández Alpízar.– En entrevista con el director de la Editorial de la Universidad Veracruzana, Joaquín Díez-Canedo Flores, con ocasión de la presentación en Guadalajara, en la Feria Internacional del Libro, de novedades editoriales como los más recientes títulos de la colección "Sergio Pitol traductor", la reedición de Poesía italiana moderna, selección y traducción de Librado Basilio, y un nuevo número de La palabra y el hombre, le preguntamos sobre otras colecciones, intereses editoriales y el papel de una editora universitaria en un mundo dominado por criterios de mercado. Esta es la segunda y última parte de la conversación.
"Otro gran proyecto editorial que está –dice el director de la editora universitaria–, en cabeza de la Rectoría, y dirige Sergio Pitol, cuyos editores son Jorge Medina Viadas y Agustín del Moral, es la Biblioteca del Universitario".
La intención de este proyecto es "poner una semilla, una biblioteca, no tan mínima, porque, en una primera época, van a ser 52 volúmenes, pero con una selección muy cuidadosa de autores clásicos, donde hay algunos clásicos contemporáneos mexicanos. Por ejemplo, un volumen de José Juan Tablada, uno de Ramón López Velarde, uno de Alfonso Reyes, y está, bueno Rafael Delgado ya no es tan contemporáneo, pero está Los parientes pobres".
Son traducciones muy cuidadas, prólogos muy bien hechos por investigadores de la universidad y, en algunos casos, escritores, comenta: "Sergio Pitol tiene un prólogo, Lord Jim (de Joseph Conrad) tiene un prólogo de José de la Colina, hay uno de Juan Villoro".
Esta serie se obsequia a los alumnos de los primeros semestres de las generaciones que ingresan a la Universidad Veracruzana, como "una invitación a que formen su propia biblioteca y a que se acerquen a algunos de los autores fundamentales de la tradición occidental. No sólo son autores de literatura, por ejemplo, acaba de salir El origen de las especies; va a salir Emilio de Rousseau, entonces, es una colección muy ambiciosa, una parte de la cual está al alcance del público. Porque se aprovecha el gran tiraje para prorratear los costos de desarrollo editorial y que, prácticamente, el público en general tenga acceso a este extraordinario fondo editorial".
Ya están en el número 22 de la colección, y se ha presentado extensamente. Pronto, anuncia, Díez-Canedo Flores, "se va a repartir el cuarto paquete de esta colección en algunas de las sedes de la universidad".
Preguntamos por la tradición que inició Sergio Galindo de publicar a autores de la calidad de García Márquez, Rosario Castellanos y Álvaro Mutis, cuando no eran aún nombres reconocidos de la literatura con las puertas abiertas en las editoriales, y si hay la intención de continuar esa tradición.
Responde el director de la Editora de la UV: "No sé si haya este poder adivinatorio, este 'olfato' que se llama, para encontrar hoy quiénes van a ser los futuros 'Gabrieles García Márquez', ojalá fuera así. Pero sí hay no sólo una apertura, sino un interés de publicar a voces jóvenes".
La Universidad Veracruzana, a través de la FILU (Feria Internacional del Libro Universitario) promueve un premio con el nombre de "Sergio Galindo" para primeras novelas, señala. Y pone ejemplos: "En la pasada FILU se le otorgó el premio a Yamilet García Zamora, una chica cubana que reside en México, con una novela muy interesante (Del otro lado de mi vida)".
Hay el interés de la UV de seguir promoviendo, "por este camino, que permite tener una gran muestra de lo que se está haciendo en narrativa, de autores no siempre jóvenes, porque en realidad es primera novela. En el caso, por ejemplo, del primer premio, que fue para Claudio Cáceres Marchesi (por Praemeditatio Malorum Night-Klub, permitido sólo para Sivernos), autor chileno, digamos de la generación nacida en los 50".
Sí hay un interés de buscar otras voces narrativas y literarias: "Se promueven algunos premios de poesía, narrativa y ensayo. El de poesía se llama 'José Emilio Pacheco'. El de cuento, 'Sergio Pitol'. Y el de ensayo 'Carlos Fuentes'. Los da también la FILU y se convocan no solamente entre públicos universitarios, de la Universidad veracruzana, de la Universidad Nacional (UNAM), etcétera, entonces por ahí también se está atento, pendiente de nuevas voces literarias".
También hay la intención de dar cabida, en la colección "Ficción", al ensayo literario, es decir, "un ensayo menos académico. El ensayo académico tiene su espacio en la editorial, a través de las ediciones de clásicos mexicanos, de la colección de Cuadernos del Instituto de Investigaciones Lingüístico Literarias, de la colección Rescates, pero aquí hay una intención de darle espacio también al ensayo literario, un poco menos amarrado a los aparatos críticos, pero que puede hablar sobre artes plásticas sobre literatura o sobre otras cosas, en la colección 'Ficción'".
Hay esta intención, en resumen, de "actualizar esta tradición y este prestigio de la Editora de la Universidad".
Ante un panorama, de las editoras privadas, dominado por criterios de mercado, ¿qué papel cumplen las editoras universitarias?, preguntamos.
Por sus dimensiones, aun cuando la de la UV es "la editorial universitaria más importante después de la UNAM, y que tiene mayor tradición, pues no es una editorial grande, pero justamente puede abrirse esta posibilidad, producto de la generosidad de las universidades públicas y, finalmente, el estado mexicano en sus proyectos culturales, de no exigir una rentabilidad económica a los proyectos".
Entonces, se puede "experimentar un poco, se puede apoyar ediciones que, quizá comercialmente, ninguna voz nueva o del todo nueva es comercialmente interesante, a menos que sea surgida de los grandes premios literarios que ya tienen mucho tiempo establecidos. Esperamos, por ejemplo, que el premio 'Sergio Galindo' en pocos años tenga esta calidad. Todavía no la tiene, porque un premio se va prestigiando con los propios libros que publica y es una empresa cultural de mediano plazo. Pero lo que es posible en una editorial como la de la universidad es jugar este papel de fermento o de campo fértil para no sólo nuevas voces, en términos de creación literaria, sino nuevos abordajes, nuevos intereses, una cosa mucho más plural, que no está sujeta a un beneficio económico, sino justamente a una rentabilidad que podríamos llamar cultural, o social".
Y esta libertad tiene que ver con el papel fundamental de las universidades públicas de, "por un lado, la generación y difusión del conocimiento y, por otro, la extensión cultural. Es totalmente compatible con los empeños de las universidades públicas. Es una de las cosas que he platicado con el rector (Raúl Arias Lovillo) y que ya están un poco echadas a andar, incluso desde mi antecesora (Celia del Palacio)".
Normalmente la queja con las editoriales universitarias es que la calidad de su catálogo de publicaciones no se corresponde con una buena distribución de los libros. Al respecto, comenta Díez-Canedo: "El éxito en la distribución, es decir, el de las grandes editoriales y los proyectos seguros, finalmente, es porque se van construyendo autores como marcas. Hay una gran inversión en mercadotecnia, en difusión, en publicidad".
Con recursos limitados, señala, pero "con la certeza de que se tienen proyectos muy valiosos, la universidad emprende estas campañas de presencia permanente de los fondos de la universidad, a través de los recursos interinstitucionales, la participación en ferias, etcétera, y a lo que se aspira, y que apoyan muy bien algunas colecciones de interés muy amplio, como la Biblioteca del Estudiante Universitario, las traducciones del maestro Pitol o la recuperación de libros de autores muy prestigiados, es justamente a tener una plataforma de una parte del catálogo del fondo editorial de interés muy amplio, sobre la cual se puede construir un intercambio comercial con las librerías. Porque finalmente esto pasa por la compraventa, no hay otra manera de distribuir, es decir, sí, hay circuitos universitarios, pero sería esta condición marginal que parece inevitable, insuperable, pero tenemos la convicción de que no es así".
Eso requiere, "de un empeño en la difusión, de prensa, pues, de mercadotecnia, con los recursos escasos, pero siempre hay una exigencia de buena administración de esos recursos, de participación en ferias, pero también de la publicación de cierto tipo de libros que mezclen dentro del fondo algunas cosas que tienen un movimiento permanente, no best sellers, sino libros que permanentemente sean demandados".
Esta colección, pone el entrevistado por ejemplo, "del Estudiante Universitario, con la calidad que tiene, con los prólogos que tiene, con la selección de autores de la que se ha encargado Sergio Pitol, es una biblioteca que permanentemente va a tener demanda. Lo mismo las traducciones del maestro Pitol. Son obras de primera calidad, no todas ellas muy conocidas, y que pueden tener este espacio de editoriales como Anagrama, Tusquets, Siruela, y le pueden dar a la universidad, pues, mucho más que una cabeza de playa, una plataforma muy sólida, para sobre ésta construir una mejor distribución".
Hay esa pretensión de la editora universitaria, "se están tratando de contratar derechos mundiales, pues por qué va la universidad a cortar sus propias alas, a no tener ambiciones de tener libros en España, en América Latina, y se han estado explorando posibilidades de distribución a través de instituciones que también patrocina parcialmente el Estado mexicano, porque en algunos casos son instituciones con esta doble faz de institución y empresa, como el Fondo de Cultura Económica, para distribuir en algunos países de Latinoamérica".
En definitiva, asegura su director, en la Editorial de la UV hay mucho interés en la distribución, ya que "a fin de cuentas, la distribución, comercial o no, lo que quiere decir es que los libros lleguen a manos de los lectores. Y es una parte inseparable del empeño de la publicación misma".

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